“Criando ciudadanos incómodos”

Ayer justo tenía esta idea en la mente y no sabía siquiera si compartirla con mi esposo. Nueve de la mañana de ayer y desperté como todos los días, llena de ganas por comenzar el día con un baño matutino que me despierta más que el café que he dejado desde que comenzamos este viaje. Como siempre, abro mi cuenta de correo electrónico, respondo preguntas, continuo escribiendo mi libro, que ha quedado a medias ya que la tecnología me jugó una mala y borró más de la mitad de lo que ya tenía escrito.

No paré allí, fui al Facebook a leer lo que durante la noche me había perdido y a encontrarme con mis amistades que desde lejos compartimos momentos donde las risas, que normalmente se escucharían por toda la habitación si estuviésemos juntos, se convierten en un silencioso “jajaja” y “:D”. Ni hablar, es lo que hay y por lo menos me permite conectarme con ellos. Y bien, pues voy leyendo y leyendo y leyendo y me encuentro con una noticia, que para nada me ha sorprendido, pero leerla me a volteado una bofetada de “despierta” que me levanta de la silla y sin pensarlo la comparto. Nuestro país se encuentra en un momento donde las autoridades, nuestro gobierno, manifiesta estar en contra de nuestro derecho a expresarnos libremente, el Internet podría ser limitado para aquellas personas que “ellos”  consideren una “amenaza para la seguridad nacional” (México), entre otras cosas, perderíamos la capacidad de escribir y publicar libremente, incluso dentro de las redes sociales.

Volteo a ver a mis hijos, aún duermen tranquilos, la noche anterior vimos películas hasta tarde. Mi mente no deja de pensar en lo que estamos viviendo, en nuestra idea de mantenerlos alejados de toda esa “peste” (llámese sistema, gobierno etc.), en que estamos permitiendo que nuestros hijos aprendan a ser ciudadanos incómodos (para el gobierno) y de verdad, la idea de “estar criando” hijos que no guardarán silencio ante una injusticia, que serán valientes para perseguir sus sueños a pesar de las circunstancias, que abrirán para sí mismos las puertas que les cierren en la cara, que comprenderán que la unión es más fuerte que cualquier gobierno, que tendrán las herramientas para salir adelante y pelearán por conservarlas; debo confesar que sentí miedo. De pronto pude visualizar a mis hijos en ese futuro y temí por ellos, porque sé que no serán el tipo de ciudadano que se conforma con lo que le permiten hacer, que se conforma con tener un trabajo que lo mantiene ocupado todo el tiempo y que cuando llega la paga sólo le queda “ahogar sus penas” gastando todo en trivialidades, en comprar determinadas cosas para sentir que “pertenece” a una sociedad donde “lo que tienes” vale más que “lo que eres”.

Nuestro futuro, el futuro de nuestros hijos es incierto, no sabemos que nos alcanzará, no sabemos nada porque sólo tenemos el “hoy”. Sentí miedo, y mucho, pero cuando en medio de la cena lo comenté con mi esposo, él calmó mis miedos con una sencilla frase, algo así: ” Todos los padres tenemos miedos, la pregunta en realidad es ¿qué queremos para nuestros hijos?

Fue entonces que comprendí que no quiero para mis hijos una vida “cómoda” y llena de cosas inútiles que sólo les servirán para convertirse en un número más de esta ecuación perfecta (me he robado esta frase de alguien a quien admiro mucho), perfecta para nadie más que para los “titiriteros” de esta función de teatro, donde pagas tu boleto, llegas a la butaca y la obra y cada uno de sus personajes te insulta y escupe desde el escenario. No quiero esto y por ello no dejo de trabajar para y por mis hijos, día a día ellos van comprendiendo que cuestionar todo es la base de su seguridad, que sólo puedes alcanzar tus metas y sueños si construyes desde hoy tus herramientas, únicas y diseñadas para ti y por ti. Y que bello pensar así pero que difícil para una madre comprender que “está criando ciudadanos incómodos” y que es posible que en algún momento de sus vidas sean perseguidos, si esto (leyes contra la libre expresión) es cosa de hoy, ¿qué no les espera a ellos? Mi corazón sabe que todos en este mundo tenemos un rol que cumplir, un propósito, que en determinado momento ellos también tomarán las riendas de su futuro y lo moldearán como mejor les parezca, tanto para sí, como para quienes les rodean. Justo hace apenas dos días mi hijo me comentaba que “de grande” pelearía por los derechos de los animales (seguido de una breve platica conmigo sobre la posibilidad de comenzar desde hoy, claro está); este tipo de reflexiones no las he visto más que en niños que son libres de hacer con su tiempo y su pensamiento lo que desean, libres para aprender sobre lo que es valioso para ellos, sin dejar de lado lo valioso de jugar y disfrutar de su infancia.

Ayer fui a dormir más tranquila que de costumbre, estoy segura de que vamos por buen camino, estamos donde debemos estar. Nuestras convicciones nos acompañan en esta travesía, nuestros corazones permanecen intactos, nuestra mente libre y nuestros pasos firmes.

Te dejo esta pregunta: ¿qué futuro quieres para tus hijos?

Gracias por leerme,

Zayda C.

¡A escribir! Sin presiones ni expectativas irreales.

En ocasiones no sabemos cómo comenzar. Mi nena, está en proceso de aprender a escribir y leer. Su motivación ha sido desde hace unos meses poder leer cuentos por sí misma. Eso la ha llevado a desear aprender y lo ha hecho con gusto.
Busqué la manera de ayudarla en este proceso sin recurrir a metodos obsoletos, como los que en cualquier escuela utilizarían. Le compre unos sellos del abecedario en mayusculas y minúsculas, tinta y un cojín. Quedó encantada, comenzo a formar su nombre, el cual ya conocía y jugar; sólo jugar.
Tiene un libro de ejercicios para su edad, se lo compré por si a ella le interesaba utilizarlo alguna vez. No puso mucho entusiasmo en ello de inicio, no me preocupe. Sabía que en el momento que ella se sientiera lista y con ganas de trabajar en él, lo haría.
Pues para mi sorpresa, ese libro casi lo terminó en dos semanas, de pronto le dió por sentarse y resolver laberintos, colorear y observar las imágenes. Después comenzó a trazar las letras y a identificar su sonido apoyandose con el dibujo que las acompaña. Estaba fascinada por conocer letras nuevas y sus sonidos, relacionarlas con objetos que conocía e incluso buscar algunos más a su alrededor.
Nos encantan los cuentos y cada que tenemos oportunidad leemos y escribimos algunos juntos. Por el momento estamos escribiendo entre todos un cuento sobre un gato y sus amigos.
Un día amaneció con muchas ganas de escribir un cuento y yo le propuse escribirlo en la computadora para que quedara registrado. Ella, muy segura, me pidió escribirlo ella misma. Yo me hice a un lado y ella comenzó su aventura. Obviamente había muchas letras que aún desconocía, sin embargo, su entusiasmo no le permitió dejar de teclear. Escribió su nombre y algunas palabras simples que ya sabía escribir. Inventó palabras y me pedía se la leyera. Reímos juntas al escucharlas.
Quiso llevar la experiencia aún más allá. Busco sus “flashcards” del abecedario y comenzó a teclearlas en orden.
Mi papel en todo este proceso de aprendizaje ha sido estar a su lado, ayudándole en cuanto lo requiere. Pero sin intervenir.
Es importante darles su espacio, ellos pueden solos, recordemos que sólo somos guías en su aprendizaje.
En fín, ha sido maravilloso observarla aprender con gusto y por iniciativa propia. Sin presiones, sin expectativas irreales. Simplemete permitiéndole ser feliz y aprender por curiosidad. Como debería ser para cada niño.
Hoy llegamos a descansar un poco y dormir, después de un poco más de 8 horas de viaje en carretera. Y me sorprendió con algo nuevo. Su escritura ya va tomando forma, ahora ya comienza a “escribir” en su propio código y con sus propios símbolos. Separando por “palabras”, formando pequeñas “frases”. Tan natural, tan maravilloso.

Ellos llegarán al aprendizaje, sólo debemos estar atentos a sus procesos. Llegan solos, pero debemos acompañarlos, sin estorbar. Observarlos muy de cerca, apoyarlos en cuanto lo requieran. Dejarlos jugar y así aprender por curiosidad, esa curiosidad con la que nacieron, la curiosidad natural de ser niño.

Gracias por leernos,
Zayda C.