Cómo aumentar la autoestima de los niñ@s

Cómo aumentar la autoestima de los niñ@s

Cómo aumentar la autoestima de los niñ@s

La autoestima es un elemento imprescindible para ser feliz. Un niñ@ con una autoestima alta tiene confianza y seguridad en sí mismo, dispone de un alto nivel de autocontrol y gestión de las emociones, tiene mayor iniciativa y autonomía, posee mayor capacidad para asumir riesgos, no tiene miedo a equivocarse, etc.

La autoestima depende principalmente del ambiente familiar en el que el niño se desarrolla. Si un niño se siente querido y valorado por sus padres, será un niño que se querrá y se valorará.

Pero la autoestima en la infancia no solo nace del amor incondicional y la confianza que los padres depositan en sus hij@s, sino también del amor y la confianza que los padres se profesan a ellos mismos. Por ello, para fomentar la autoestima de los niños es fundamental también trabajar la autoestima de los padres. Muchos no se sienten competentes para educar a sus hijos, y sus inseguridades se las transmiten como tener miedo a equivocarse, no aceptar sus limitaciones, etc. A diferencia de estos, aquellos padres que tienen una autoestima alta, transmiten a sus hijos que las equivocaciones y los errores forman parte del aprendizaje, aceptan sus virtudes y sus defectos, tiene una actitud más positiva ante la vida.

Pero ¿Qué podemos hacer para aumentar nuestra autoestima?

 

  • Relación positiva de pareja: Es importante que le dediquemos un parte importante de nuestro tiempo y energía a nuestra relación de pareja, de la calidad de la unión entre los padres depende también la salud física y emocional de sus hijos. Si no puede retomar alguna actividad que hacía antes de tener niños, pueden realizar alguna nueva, lo importante es que realicen algo juntos en la que ambos disfruten: un paseo, ir al cine, un masaje, etc.
  • Reflexión/observación: Debemos reflexionar sobre cómo influencia nuestra actitud y comportamiento en la actitud y comportamiento de los niñ@s. A veces como adultos pensamos que nuestra forma de actuar y pensar es la correcta, pero esto no es así, continuamente caemos en errores y malas interpretaciones. Por eso es bueno que intentemos poner conciencia en todo lo hacemos y decimos. Por ejemplo. Imaginemos que un padre llega a casa del trabajo muy cansado y agobiado porque ha sido un día muy ajetreado. En ese momento llega su hijo que al estar muy emocionado y contento de verlo se lanza encima de él y comienza a pedirle insistentemente que juegue con él…el padre que está muy agobiado le grita “ ¡Para ya! ¡No seas tan pesado! ¡Ahora más tarde jugaré contigo! ¡Vete a tu habitación!” y el niño se va enfado a su habitación. Cuando hablo de reflexión me refiero a cuestionar este tipo de actuaciones para poder cambiarlas, es este caso es evidente que el comportamiento del padre es completamente desproporcionado, es responsabilidad suya gestionar su estado anímico y no pagar su frustración y rabia con su hijo, y que luego le llevará al arrepentimiento. No actúes desde la impulsividad…Párate antes de actuar y piensa.
  • Autoconocimiento: ¿Cuánto nos estimamos a nosotros mismos? ¿Nos valoramos? ¿Aceptamos nuestros defectos? Estas y otras muchas preguntas debemos de hacernos…Si no nos amamos no podemos amar a los demás ni podemos pretender que los niñ@s se amen a ellos mismos….Os invito a que hagáis un ejercicio, escribir en una hoja dos listas, por un lado aquellas virtudes que tenéis así como aquellas cosas que se os da bien hacer y por otro lado aquellos aspectos que queráis mejorar o aquellas habilidades que os gustaría tener. Centraros en la segunda lista, y ordenarla por orden de prioridad, es decir, qué es aquella actitud o habilidad que más me gustaría poseer. Cuando la tengáis escribir qué cosas podríais hacer para adquirirla y poneros manos a la obra. Por ejemplo: imaginar que os gustaría hablar con mayor fluidez. ¿Qué puedo hacer para conseguir esto? Puedo leer en voz alta, apuntarme a algún curso que trabaje esta habilidad, etc. Nunca es tarde para empezar.

 

También existen actitudes hacia los niñ@s que pueden mejorar su autoestima:

 

  • Fomentar su iniciativa. Por ejemplo, si tu hijo quiere ayudarte en alguna actividad déjale que lo haga, puede que en ocasiones nos resulte más laborioso al tener que estar pendiente de él, pero será muy beneficioso. Permítele que participe en pequeñas tareas y retos pues le aportarán seguridad y le ayudarán a que conozca sus capacidades.
  • Permíteles que se equivoquen. Tienen derecho a equivocarse, no pasa nada porque lo hagan porque así aprenderán. Transmíteles esta filosofía :”No existen errores, sino aprendizajes”.
  • No les compares con nadie, ni amigos, ni hermanos,… pues no les motivan para mejorar. Deja que siga su ritmo de aprendizaje, si utilizas alguna comparación que sea con él mismo en alguna situación y/o tarea.
  • No le juzgues, critiques o etiquetes diciéndoles frases como “eres malo” “eres desobediente”. Cuando quieras hacer que reflexionen sobre algún mal comportamiento exprésalo atendiendo al hecho o conducta concreta, es decir por ejemplo “pegar a tu hermana está mal” en vez de “eres malo”.
  • Antes de aconsejarle a la hora de resolver pequeños problemas o conflictos, déjale que lo intente por sí sólo, muéstrale que confías en él y que estás a su lado si necesita tu ayuda.
  • No les exijas que hagan algo que no saben o no quieren hacer. Pregúntate antes ¿Por qué no quiere? ¿Tiene la capacidad y edad para hacerlo o entenderlo? ¿Es necesario?
  • Ejemplo y coherencia. Intenta siempre predicar con el ejemplo y siendo coherente entre lo que dices y haces. De nada servirá que intentes que tus hijos se comporten de determinada forma si tú no lo haces.

Recuerda siempre que los niñ@s son nuestro espejo…

 

Sara Martínez,
Orientadora familiar

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rabietas infantiles

LAS RABIETAS INFANTILES. Una visión respetuosa

rabietas infantiles

Las rabietas infantiles son manifestaciones o expresiones de rabia, dolor, impotencia o frustración que tienen los niñ@s, principalmente entre los 2 y los 5 años, cuando no se satisfacen sus deseos o sus necesidades afectivas (atención, contacto, presencia, límites, tiempo de calidad, etc.). Suelen ser explosiones con mucha intensidad, incluso pueden llegar a golpearse con la cabeza en el suelo o agredirnos físicamente.

Muchas veces se interpretan las rabietas como una forma de manipulación, pero en realidad son una forma de comunicación, es la forma que tiene el niñ@ de expresarnos sus emociones.

Los niñ@s en estas edades no saben pedir lo que necesitan, ni expresar lo que sienten, no saben gestionar sus emociones ni sus deseos con claridad. Por esta razón muchas veces cuando “explotan” lo hacen porque no saben cómo pedir lo que necesitan de otra forma o expresar lo que sienten. Es probable que ya lo hayan intentado por otros medios pero no les hemos entendido, así que lo intentan de esta forma.

Ante sus berrinches o rabietas podemos hacer dos cosas, obviarlas, o podemos intentar ir más allá, podemos preguntarnos ¿Qué hay detrás de una rabieta? ¿Por qué se ha producido? ¿Qué nos está queriendo decir el niñ@?

Se piensa que las rabietas infantiles son algo común y normal en todos los niñ@s, pero ¿Por qué hay niñ@s que no tienen rabietas? ¿Por qué en algunos niñ@s se da con más frecuencia y/o intensidad que en otros? Para responder a esta pregunta debemos de considerar todos los factores que influyen como son el desarrollo emocional en los niñ@s, la calidad del vínculo entre padres/madres e hijos o el ambiente familiar.

Hay que tener presente que los niñ@s sobre los 2 años aproximadamente están separándose emocionalmente de su madre, formando la conciencia de sí mismos, su identidad. Hasta ese momento pensaban que ellos y su madre eran uno, que no eran personas diferentes. Ahora comienzan a ser más autónomos e independientes (caminan, hablan,…) así que es normal que a esta edad estén más “rebeldes”, negando todo lo que les dices y llevándote la contraria, es una forma de reafirmarse en que ellos son diferentes a ti, es una forma de manifestar su independencia. Este es un proceso natural en el desarrollo de los niñ@s que no hay que confundir con las rabietas.

La rabieta es como la gota que colma el vaso… Imaginemos a un niño de 3 años que ha estado en la escuela todo el día, desde las 9 de la mañana hasta las 5 de la tarde. Aún es muy pequeño y aunque parece que ya sea bastante autónomo (no se hace caca encima, come solo) necesita todo la atención y cariño de su madre. Cuando sale de la escuela, desea estar con ella y jugar. La madre se lo lleva al parque, lo deja jugando con otros niños y se marcha a un banco a hablar con otras madres. El niño la mira constantemente en un intento de que ella lo mire también, la madre lo mira de vez en cuando para comprobar que está bien. El niño la llama, ella va hasta allí, está un momento con él y se va de nuevo con las otras madres, así unas cuantas veces. Después del parque se van a casa y cuando llegan la madre deja al niño en el comedor con sus juguetes mientras ella se pone a hacer la faena de casa. El niño la llama para que juegue con él, la madre se dirige donde está él, le sonríe y le dice que no puede, que luego jugará con él, pero al final llega la hora de cenar y la madre no ha podido jugar con el niño.

Antes de empezar a cenar, el niño quiere llevarse a la mesa un peluche gigante con el que está jugando pero su madre le dice que NO, que no puede estar con el peluche que ahora toca cenar, entonces el niño comienza a llorar desconsoladamente, a patalear y a decir que él quiere el peluche y la madre no entiende nada. ¿Qué ha pasado?

La mayoría de veces pensamos que las rabietas se producen por algún hecho concreto, como en el ejemplo, el peluche que el niño quiere llevarse a la mesa, Sin embargo, como hemos visto, no era el peluche lo que le había provocado la rabieta. El peluche era el medio que tenía el niño para expresar lo que sentía, para decirnos lo que necesitaba, pero no la causa de la rabieta.

Os propongo un ejercicio, pensar en la última vez que vuestro hij@ haya tenido una rabieta…rebobinar la película: ¿Qué pasó? ¿Cuál fue el motivo que causó la rabieta? ¿Qué estábamos haciendo nosotros cuando ocurrió? ¿Cómo nos sentíamos? ¿Estábamos nerviosos, estresados, alterados? Esto último es sumamente importante ya que la mayoría de las rabietas se producen cuando más estresados estamos, cuando más prisa tenemos y por lo tanto cuando menos atención les prestamos. También preguntaros: ¿Es posible que el niñ@ nos hubiera reclamado atención de algún modo y no le habíamos hecho caso? ¿O se sintiera incómodo por la situación o molesto por algo y no le prestamos atención? Reflexionar sobre ello.

Equivocadamente se dice que hay que ignorar estos comportamientos para que no se produzcan. Y tal vez es posible que lo consigamos y que las rabietas desaparezcan, pero eso no significa que el niñ@ se sienta mejor, todo lo contrario, lo que hemos conseguido es que se resigne, que se sienta indefenso. Es decir, el niñ@ aprende que, haga lo que haga, no va a ser escuchado, que no es positivo expresar lo que siente o lo que necesita, que debe reprimir sus sentimientos.

Si les ignoramos cuando expresan sus emociones no les estaremos dejando expresar lo que sienten ni ser ellos mismos. Seguramente aprenderán a ser obedientes y a comportarse pasivamente pues es la única forma de que les hagan caso, pero en realidad están reprimiendo sus emociones, con el daño que ello puede causarles no solo en ese momento sino también en su etapa adulta. La personalidad de los niñ@s quedará marcada por las experiencias que vivan en su infancia. Y no hay experiencia más negativa para un niñ@ que la de no ser escuchado por sus padres, las personas más importantes de su vida, aquellas que les deben aportar la protección y la seguridad necesarias para convertirse en adultos fuertes emocionalmente.

Cuando se produzca una rabieta lo importante es que el niñ@ se sienta escuchado, consolado y comprendido aunque en ese momento no podamos satisfacer su deseo o necesidad.

La clave es estar siempre de su lado, debemos tener presente que están aprendiendo a gestionar sus emociones y necesitan de nosotros para que les ayudemos a hacerlo, para que les acompañemos en este proceso, pero siempre desde la comprensión y el respeto.

AUTORA: Sara Martínez, orientadora familiar

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