criando hijos resilientes

Criando hijos Resilientes

criando hijos resilientes

La resiliencia es la capacidad de afrontar la adversidad saliendo fortalecido y alcanzando un estado de excelencia profesional y personal. Desde la Neurociencia se considera que las personas más resilientes tienen mayor equilibrio emocional frente a las situaciones de estrés, soportando mejor la presión. Esto les permite una sensación de control frente a los acontecimientos y mayor capacidad para afrontar retos. (Instituto Español de Resiliencia)

La Resiliencia, es el convencimiento que tiene un individuo o equipo en superar los obstáculos de manera exitosa sin pensar en la derrota a pesar que los resultados estén en contra, al final surge un comportamiento ejemplar a destacar en situaciones de incertidumbre con resultados altamente positivos.(E. Machacon 2011, Aspectos vividos, Nov-Dic 2010)

Considero pues, la resiliencia, una pieza clave para vivir en armonía, plenitud y felicidad, sorteando situaciones difíciles a las que cualquier individuo invariablemente se enfrentará.

Como padres, podemos favorecer el desarrollo de la resiliencia en nuestros hijos.
A continuación 3 sencillas ideas:

1. Seamos ejemplo tomando responsabilidad.

Es común que digamos cosas como “Me hiciste enojar”, “Me hiciste llorar”… de esta manera enseñamos a los niños que las situaciones externas y terceras personas, tienen poder y control sobre nuestras vidas, emociones y reacciones. Es así como vamos por la vida justificando y encontrando culpables para nuestras malas decisiones.
Comencemos a sustituir estas frases, de la siguiente manera: “Me enoja que…”. Es un cambio muy sutil, parece lo mismo, pero no lo es. Practiquémoslo como adultos y enseñemos a nuestros niños a hacerlo, a identificar que somos nosotros quienes decidimos enojarnos, entristecernos, frustrarnos y por lo tanto podemos hacer un mejor manejo de ello.

2. Reconocer el Dolor.

Muchas veces tendemos a minimizar el dolor, la frustración, la tristeza, el enojo y de esta manera enseñamos a nuestros hijos a hacerlo. Negar que existe el dolor físico o emocional, no significa que deja de existir, y tarde o temprano emergerá. Solemos decirle a nuestros niños: “¡no llores!, “¡No tengas miedo!, ¡vete a tu cuarto! donde el mensaje es “te rechazo cuando estás enojado, triste o temeroso. No es aceptable vivir estas emociones”.
Cuando le decimos a un niño “no llores”, lo decimos desde la angustia que nos genera escuchar el llanto con el que nos remontamos a nuestro “yo niño” al que también fue callado su llanto. Verbalicemos nuestras emociones y alentemos a nuestros niños a hacerlo. ”¿Qué pasa mi niño?, ¿Estas triste?”.

3. Dar manejo al dolor.

Dar manejo al dolor o cualquier otra emoción ‘negativa’, tales como, tristeza, frustración, enojo, etc., sería el siguiente paso.

Un ejemplo es cuando un niño sufre una caída, él voltea a su alrededor asustado, rompe en llanto, los adultos comúnmente solemos hacer una de dos cosas:
(1) correr a su auxilio inmediatamente, mostrando gran preocupación, levantarlo del suelo y decir frases como “¡mi niño…pobrecito!”, ¡Un gran drama!, con lo que podemos estar enviando un mensaje de invalidez.
(2) Decimos frases como “¡Arriba, arriba, no pasa nada!”. Exigiéndoles se pongan de pie de inmediato, y que con la misma inmediatez retomen su actividad. Con esto negamos cualquier posibilidad de experimentar dolor físico y angustia.

Una opción apuntando a la resiliencia, sería:

Acercarnos, con toda calma, preguntando “¿Qué pasó?, ¿estás bien?, ¿dónde te pegaste? (aunque sea evidente), veamos… es una raspadita leve, ¿te duele?, vamos a lavarlo y sobarlo, es un poco de dolor, pronto pasará…vamos, te doy la mano”.
Un abrazo, “sana sana colita de rana”, tomar un vasito con agua, dar tiempo a recuperarse, observar y preguntar si nuestro niño está listo para seguir adelante…tal vez, dar un cierre diciendo “eres fuerte”, o cualquier otra virtud que observemos en nuestro niño.
Llegará un momento en que el propio niño maneje la situación, y nos diga feliz: ¡”Gracias mamá, papá… Estoy listo, yo puedo solo!”. Habrá otros momentos, en los que considere que nos necesita a su lado, tanto de niño como de adulto, al reconocer en nosotros un apoyo incondicional.

Por: Psic. Adriana Briseño

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Ella escribe en su sección Crianza y Desarrollo Infantil