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Una reflexión sobre socialización

 

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Socializar:

Acto de permanecer sentado, inmóvil y en silencio por un promedio de 5 horas de lunes a viernes, en un espacio físico de no más de 25 a 30 metros cuadrados (en los mejores casos). Donde un individuo es confinado a este espacio durante toda su infancia y adolescencia junto a otros de su misma edad y en su misma etapa de desarrollo; con quienes tiene autorización de conversar o convivir, sólo cuando el adulto a cargo (docente) lo permite y durante los 30 o 35 minutos diarios para recreo (sin correr y gritar, por favor). Y si no has trabajado como se esperaba, entonces no tienes este derecho.
Es en este espacio donde un niño o adolescente puede desarrollar habilidades sociales aplicables al mundo real.

Realidad de todos los días para millones de niños y adolescentes en un mundo carente de respeto hacia la individualidad y la consciencia de uno mismo.

Una de las preguntas que más recibo o escucho es ¿cómo socializan si no van a la escuela?

Un concepto que pocos conocen en verdad, creemos que socializar es estar con otras personas.

Crecimos en un ambiente controlado, donde la autorregulación es cosa de otro mundo, no se nos permitió aprender a relacionarnos de manera saludable con quienes nos rodean. Por lo contrario, nos vimos expuestos a un entorno poco amigable para socializar, donde convivencia forzada no permite comprender al otro ni fomenta la interacción desde el respeto y la tolerancia.

Entonces ¿es la escuela un espacio para socializar? ¿será así como aprendiste a estar con los demás? ¿qué tan sociable eres?

Vamos al concepto.

Búsqueda rápida en  Google:

La socialización es el proceso mediante el cual el ser humano aprende, en el transcurso de su vida, los elementos socioculturales de su medio ambiente, los integra a la estructura de su personalidad, bajo la influencia de experiencias y de agentes sociales significativos, y se adapta así al entorno social en cuyo seno debe vivir.

Analicemos:

La definición anterior, no me hace pensar que la escuela sea el mejor lugar para desarrollar habilidades sociales, o el único. Decir que la desescolarización es “vivir en una burbuja” y que los niños(as) y adolescentes jamás serán sociables es irreal. Creo que la verdadera burbuja se llama “escuela”.

Aprender de la vida, todos los días, sin lecciones obligatorias y en un entorno respetuoso, permite adquirir conocimientos de manera natural, aplicables a la vida real. Comprender que somos seres sociales también es cuestión de experiencia, aprender a relacionarnos va más allá de estar con las mismas personas durante cada mañana de lunes a viernes.

Los niños y adolescentes que viven sin escuelas y aprenden en libertad, tienen oportunidad de socializar.

La maravillosa diferencia es que no se les obliga, los niños y niñas desescolarizados, tienen la oportunidad de elegir a una o varias personas, de su edad, menores o mayores con la cuales conversar y/o jugar. También tienen derecho a decidir no hacerlo, es importante decir que no es obligatorio rodearse de un grupo de personas diariamente por determinado número de horas para considerar que se es sociable. Seguramente entenderás esto desde tu propia vida, en realidad no todos pasamos tiempo con otras personas, hay momentos de quietud y silencio, muchos necesitamos de este espacio.

No le veo el objetivo a forzar a mis hijos a estar con un grupo de niños de lunes a viernes para aprender a estar con los demás.

Ahora bien, no solo convivimos con compañeros de trabajo, o con amistades, también estar en familia, con los primos, abuelos, tíos, es socializar. Al ir de compras y hacer una pregunta al dependiente, también estamos socializando; oportunidades de interacción, hay miles y todas ellas son parte de la vida misma.

Así, entonces, espero este mito de la falta de socialización en los desescolarizados quede en el olvido pronto. La verdad es que nuestros hijos tienen amigos, se relacionan de manera natural con quienes les rodean. La diferencia es que ellos deciden con quien, cuándo y cómo; así como también deciden no hacerlo, ambas opciones, completamente respetables. Algunos somos intrapersonales y disfrutamos de estar a solas, así hemos nacido y así estamos bien; otros somos interpersonales y necesitamos rodearnos de gente.

Comprender que formamos parte de una sociedad, interactuar de manera adecuada con los demás y compartir experiencias es un proceso que dura toda la vida. No se aprende a socializar, es algo que se vive, día con día; todos los días aprendemos a ser y a estar con los demás, a compartir nuestro tiempo con quienes estamos de acuerdo y con quienes no.

Con el cariño de siempre, gracias por leerme.

Zayda Cadengo

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Las 5 habilidades que nuestros hijos necesitan desarrollar (Parte 3 Sociales)

Llamamos habilidades sociales al conjunto de conductas que son manifestadas en situaciones interpersonales. Es decir, todo aquello que forma parte del “relacionarnos con los demás”. Estas conductas a las que nos referimos requieren de un buen autocontrol emocional y por supuesto una buena comunicación, el respeto a las creencias, ideales, cultura y prácticas de quienes nos rodean. En resúmen, la clave es la tolerancia.
Como habilidades sociales podemos mencionar:
-Aceptar la responsabilidad al comenzar y terminar alguna tarea en especial.
-Trabajar con un grupo de personas compartiendo y colaborando respetuosamente con todos sus miembros.
-Tener la sensibilidad para escuchar a los demás, tomas decisiones sin atropellar los derechos de otros, valorar diferentes puntos de vista, creencias, ideales y personalidades; expresar nuestra opinión cuidando no ofender a quien nos escucha.
-Ponerse se acuerdo, tener la capacidad de ceder para llegar a acuerdos en común (sin modificar o interponerse con nuestras convicciones), solución de conflictos actuando de manera razonable, siendo justos.
-Capacidad de debate, formulación de preguntas y escuchar a los demás para lograr en conjunto una decisión que convega a todos.
-Comprender que cada situación requiere de una conducta apropiada para ello, que cada acción tiene una reacción (que nuestras acciones tienen consecuencias); tomar diferentes roles dentro de un grupo, según se requiera (tomar el liderazgo o seguir al lider).
Estoy convencida de que en el día a día tanto nosotros, como nuestros hijos, tenemos oportunidades de desarrollar estas habilidades. Es posible encontrarnos son situaciones incluso dentro de casa que requieran de seguimiento. En ocasiones podemos observar en nuestros hijos que algunas de estas capacidades arriba mencionadas, requieren de más trabajo. Sabemos que ellos crecen todos los días y que con nuestra compañía ellos comprenderán cómo es que estas capacidades les ayudarán toda su vida.
Dentro de la dinámica familiar podemos toparnos con algunas oportunidades de desarrollo de habilidades sociales. Un juego de mesa y el respeto de sus reglas es una forma de trabajar en ello, deportes que nuestros hijos practican, incluso la rutina familiar, desde las tareas compartidas en casa hasta los horarios que se disponen para ello. Es importante que nuestros hijos siempre sean parte del proceso, la socialización requiere de una reflexión constante sobre nuestras actitudes y comportamiento, por esta razón, abordar el tema después de una riña o discusión es de suma importancia, esto hace visible para el niño su comportamiento y le hace confrontarse consigo mismo y sus acciones.
Este proceso requiere de sensibilidad, es fácil hacer que nuestros hijos reflexionen sobre sus actitudes si hacemos las preguntas correctas y mucho tiene que ver con su personalidad. Funciona preguntarles ¿cómo te sentiste al hacer o decir tal o cual cosa? ¿cómo crees que (la otra persona) se sintió? ¿cómo podrías resolver esto sin dañar a nadie? ¿cómo puedo ayudarte a resolverlo? ¿qué crees necesitar para resolverlo? ¿qué vas a hacer la próxima vez que te sientas así?, etc.
Las respuestas te sorprenderán, nuestros hijos tienen la capacidad de autoregular su comportamiento, sólo debemos dejarles reflexionar en ello para permitirles que encuentren las respuestas pos sí mismos, y en ello se conozcan a profundidad y logren relacionarse con los demás sin entrar en conflicto y respetando sus diferencias.
La socialización se “aprende” todos los días, las oportunidades están allí, busquemos la manera de apoyarles en esta parte tan importante de su desarrollo.
Para finalizar esta publicación me gustaría compartir contigo lo siguiente, te invito a reflexionar al respecto.
Durante la infancia nuestros hijos se ven inmersos en una cultura que promueve como socialización el estar dentro de una institución educativa. El que ellos estén fuera del sistema, aprendiendo a su paso y desde sus propias convicciones, se ha prestado para argumentar sobre la falta de socialización en niños homeschooles/unschoolers. Nada más equivocado. La socialización como su defición lo describe, es la capacidad de comunicarse efectivamente en situaciones interpersonales. Esas oportunidades de establecer conexiones socioculturales, en el caso de los niños educados en casa son mucho más reales y naturales que las que se viven dentro del sintema educativo en cualquiera de sus niveles. Los niños son confinados a estructuras cerradas y con poca tolerancia a la diversidad, las instituciones educativas separan a los niños por edades, donde los momentos para jugar o platicar con sus “amigos” son menos de 30 minutos al día, donde cada tema sobre el cual pueden hablar entre sí es planeado por un docente.
Muchas instituciones dicen promover una educación “diferente” por medio del socioconstructivismo, donde su argumento sobre el aprendizaje por medio de la convivencia con sus pares, en interacción y trabajo colaborativo dentro del aula, respetando sus intereses y queda anulado cuando es completamente anti natural que el aprendizaje e intereses de todo un grupo sean tratados de la misma forma, cuando se considera que los intereres de 25 o más alumnos son los mismos, cuando se les obliga a seguir un programa porpuesto por un grupo de adultos, simplemente no tiene sentido.
La vida real, fuera de las instituciones, permite que la socialización se dé naturalemente, sin estrategias psicopedagógicas para forzar la comunicación y convivencia “armónica”, con diversidad de edades, en ambientes no preparados, sin programación de actividades, más bien aprevechando cada recurso, personas, actividades, libros, investigaciones; aprovechando el ambiente del cual forman parte, sea cual sea la sociedad en la que viven.
Gracias por leernos,
Zayda C.